Lo mejor de Japón

Si en el artículo anterior hicimos un balance de los aspectos más prácticos del viaje, hoy queremos resumir- a modo de pequeñas píldoras- lo que más nos llamó la atención positivamente de nuestra visita a Japón. Desde grandes monumentos y paisajes, hasta pequeños detalles de la vida cotidiana.

Las vistas aéreas de Tokio y Osaka

Las ciudades con grandes rascacielos y notables skylines, como Tokio y Osaka, disponen de miradores en los edificios más altos que nos permiten disfrutar de impresionantes vistas desde lo alto de la ciudad. En Tokio no deja de ser uno más de los muchos atractivos que la ciudad le reserva al viajero, pero en Osaka, la visita al observatorio Floating Garden, desde el que se ve toda la ciudad, resultó la mejor experiencia turística de nuestra visita.

En Tokio, por su parte, tenemos varias alternativas para ver la ciudad desde lo alto. Entre ellas destacan el edificio Roppongi Hills y la Tokyo Tower –ambas en Roppongi– y el edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio, en Shinjuku. El mejor momento del día para ver las vistas de la ciudad suele ser el atardecer; pero, en Tokio, cualquier mañana soleada nos ofrece también vistas impresionantes.

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Vista de Tokio desde la Tokyo Tower

El mercado de pescado de Tsukiji y el sushi posterior

Nos hablaron muy bien del Mercado de Pescado de Tsukiji y mereció la pena una noche de poco y mal sueño para visitarlo. Quizá no tanto por la subasta en sí, que no es demasiado diferente de la que podemos ver en las lonjas de pescado españolas, sino por la parafernalia que se monta alrededor y la impresión de ver tantos atunes en venta. No obstante, no nos engañemos… Lo que más nos gustó del Mercado de Pescado de Tsukiji fue el desayuno de sushi que nos tomamos a la salida. Posiblemente, uno de los mejores del mundo.

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Subasta del atún en el mercado de Tsukiji

Las máquinas expendedoras

Son legión. Están por todas partes de las ciudades japonesas y con una enorme oferta de bebidas cada una de ellas. Sobre todo, en Tokio, a cada tres o cuatro pasos, te encuentras con una de ellas por la calle. En ellas puedes encontrar cualquier clase de bebidas no alcohólicas: desde una simple lata de coca-cola, hasta una lata caliente de café con leche, pasando por té, agua, zumos y otros tipos de bebidas que no nos dio tiempo a probar.

El templo Todai-ji de Nara

Los templos, en tus primeros días en Asia, deslumbran por su colorido y sus bellos edificios. Sin embargo, llega un momento en una visita a Tokio en que todos los templos te resultan muy parecidos, casi idénticos a otros que ya has visto anteriormente. Y, justo cuando empezábamos a ser un poco escépticos con seguir poniéndolos en la parte principal de nuestra agendade visitas, llegamos a Nara y nos encontramos con el impresionante templo Todai-ji. El enorme edificio resulta impresionante ya viéndolo desde los jardines que lo rodean, pero entrar en él y encontrarte los gigantescos budas te deja con la boca abierta.

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Templo Todai-ji, en Nara

Pero aunque el Todai-ji fue la guinda a nuestra visita, Nara es un lugar que no puede faltar entre quienes visiten Japón, marcado por los cervatillos que corretean libremente por su parque lleno de templos, monasterios… y también turistas, como no podía ser de otra manera.

Hiroshima

Sin duda, la experiencia más emotiva del viaje tuvo como escenario Hiroshima y todos los recuerdos y memoriales que dejó en la ciudad la bomba atómica de agosto de 1945 –la primera de las dos únicas que se han lanzado en la historia-, que arrasó la ciudad entera y acabó en pocos segundos con la vida de decenas de miles de personas. Es algo que estudias en el colegio o que lees en los libros, pero que hasta que no llegas a la ciudad y ves sobre el terreno el alcance de lo que destruyó no puedes asimilar en su totalidad.

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Parque de la Paz, en Hiroshima

Toda la zona del Parque de la Paz de Hiroshima, la más cercana al lugar sobre el que estalló la bomba atómica, merece una visita y una reflexión. Los restos de la cúpula nos permite imaginarnos el grado de destrucción que se vivió en el lugar y los memoriales nos muestran la cara del recuerdo de la ciudad a sus víctimas. Pero lo que realmente resulta demoledor es visitar el Museo de la Paz, leer sobre las circunstancias que llevaron al lanzamiento de la bomba, ver imágenes de la destrucción que provocó y conocer los daños y las historias humanas que la rodearon. Una experiencia escalofriante.

Los trenes

Los trenes de alta velocidad japoneses, los conocidos como Shinkansen, son toda una experiencia en sí. Eso sí, son tremendamente caros. Nosotros tuvimos la suerte de hacernos con un Japan Rail Pass, que nos permite a los viajeros extranjeros movernos ilimitadamente en el país a cambio de un precio fijo. Llaman la atención su enorme capacidad –tanto en número de vagones, como en capacidad de los mismos- y sus numerosísimas frecuencias a lo largo de todo el día. Rápidos y muy cómodos. Con anécdotas como que los revisores y empleados del tren saludan con una reverencia a los viajeros al entrar y salir de cada vagón.

Los grandes almacenes de electrónica

Toda una perdición para los aficionados a la electrónica, imagen y sonido o fotografía. Edificios enteros de seis o siete plantas abarrotados de electrodomésticos y aparatos electrónicos; grandes almacenes dedicados íntegramente a la electrónica bajo marcas como Yamada o Yodobashi. Barrios como Akihabara, en los que se juntan varios de estos edificios en pocas manzanas. Muchísimos aparatos tecnológicos, con algunas novedades de las que aún no llegan a Europa. Con los últimos modelos a un precio quizá incluso más alto que en España, los modelos que en Japón son unos meses anteriores –que en Europa son las novedades- sí que pueden estar a buen precio. Pero el simple hecho de recorrer, planta tras planta, pasillos enteros repletos de diversos aparatos tecnológicos hará que a más de un adicto a la tecnología se le caiga la baba.

Asakusa

Asakusa es, sin duda, el barrio más turístico de Tokio gracias a la presencia del templo Senso-ji, uno de los más llamativos de la ciudad. Como comentábamos anteriomente al hablar de Nara, el templo llamará mucho la atención a quienes se lleven con él una primera impresión de un templo sintoista japonés, pero después de ver quince o veinte similares, uno se queda un poco menos entusiasmado. Sea como sea, este barrio tan abarrotado de visitantes siempre es un punto de visita obligado para los turistas. Sus puestecillos de recuerdos nos darán la oportunidad de comprar recuerdos y el templo en sí nos ofrece bonitas oportunidades de foto, además de mezclarnos con los locales que van a rezar a él.

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Templo Senso-ji, en el barrio de Asakusa de Tokio

Los baños públicos

Una experiencia vivida sólo a medias, ya que hay muchos tipos de baños públicos en Japón. La cultura de los baños es algo muy tradicional de Japón, donde más que por higiene, se utilizan como manera de relajarse después de un largo día. En todas las grandes ciudades japonesas que visitamos nos encontramos con baños públicos cercanos a nuestros albergues y hoteles. No obstante, la mejor experiencia de baño que se puede tener en Japón son los onsen, los baños naturales de agua termal que pueden encontrarse en zonas rurales y parques naturales como el de Hakone.

En nuestro caso, nuestra experiencia con el mundo de los baños japoneses tuvo lugar en Osaka, en los baños Naniwa no Yu, que quizá no son los más tradicionales del mundo; pero sí que te garantizaban una experiencia de relajación excepcional, con sus piscinas de agua caliente en el interior y el exterior del edificio, sus jacuzzi y su sauna con gradas y una televisión de 50 pulgadas coronando la sala. Es cierto que es algo más parecido a un parque temático de los baños y los onsen que a los baños tradicionales de las ciudades, pero lo disfrutamos muchísimo.

Las experiencias en restaurantes sin saber inglés

Sin duda, las experiencias más divertidas del viaje. Los japoneses con que nos encontramos, por lo general, nos resultaron gente extraordinariamente amable y que intentaba ayudarnos lo máximo posible cuando lo necesitábamos, pero con la mayor parte de ellos nos encontramos con el hándicap de la comunicación. El nivel de inglés medio de los japoneses era más bajo que el que esperábamos encontrar y, evidentemente, nuestro nivel de japonés era nulo.

Por tanto, querer entrar en determinados restaurantes donde no había carta en inglés, o ni tan siquiera un menú con fotografías con el que poder pedir la comida, se hacía bastante difícil. Pero no queríamos renunciar a ello. Menos mal que ahí entraba en juego la buena voluntad y el buen humor de la gente y, la verdad, es que todo acababa saliendo siempre bien. Es más, todos nos reíamos de todos y con todos y acabábamos haciéndonos fotos al final de la comida. Y, curiosamente, la comida que encargábamos solía estar buena y la cuenta- al final y dentro de lo caro que es Japón- no ofrecía sorpresas desagradables. Así que divertidos, honrados y tranquilos. Ah, y con la propina incluida en el precio.

Miyajima

Merece la pena, si podemos acercarnos por Hiroshima, dedicar un tiempo a acercarse a la isla casi sagrada de Miyajima y darse un paseo por entre sus templos, su entorno natural y sus dos o tres callejuelas para turistas. Es un entorno natural bonito, en el que se mezclan el verde de las colinas cercanas, con el azul del mar y el rojo anaranjado de la tori que preside desde el agua la llegada en barco a la isla. Para quien aún no haya visitado Nara, será también el primer contacto con los cervatillos sueltos por las calles. Y, claro, también es un buen destino para una experiencia gastronómica, con los puestos de ostras locales a la plancha y los pasteles rellenos en forma de hoja de arce típicos de la zona.

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Un cervatillo frente a la Otorii, en la isla de Miyajima

Los zapatos en la entrada

Dejar los zapatos en la entrada de cada casa y muchos de los edificios que visitamos es algo a lo que tardas mucho tiempo en acostumbrarte y que, muchas veces, te tienen que recordar amablemente. Los zapatos de la calle no son para pisar los suelos –muchas veces enmoquetados- del interior de determinados edificios. En los albergues tenías que dejarlos a la puerta del establecimiento y, en los hoteles, se espera que los dejes en la misma puerta de entrada de la habitación. En los baños públicos, e incluso en algún restaurante, nos lo pidieron también. La mayor parte de los lugares donde te piden que te quites los zapatos tienen baldas o espacios reservados para ellos en la entrada e, incluso, algunos de ellos te proporcionan chanclas o zapatillas para que no tengas que caminar descalzo.

El paso de peatones de Shibuya

Imagen mítica de Japón que te golpea en la cara al salir de la estación de Shibuya. Un cruce de tres calles, transitadísimas tanto por peatones como por vehículos, y tres semáforos sincronizados para funcionar a la vez y llevar al centro del cruce a decenas de personas –incluso cientos en los momentos de mayor aglomeración- al mismo tiempo. Todo un caos humano que, sin embargo, se resuelve por sí solo y con una estampa estéticamente bella.

Los karaokes

Si vas a Japón, tienes que entrar en uno de ellos. Da igual si te gusta cantar o no, tienes que verlos. Nada que ver con los karaokes que estamos acostumbrados a ver en Europa, más parecidos a una sala de conciertos puntuales para aficionados que a otra cosa. Los karaokes de Japón, que ocupan edificios enteros de varias plantas, te ofrecen pequeñas habitaciones para grupos donde vas con tus amigos a cantar.

Cada una de las salas dispone de un equipo de sonido impresionante, una televisión de gran tamaño para que puedas seguir la canción y un libro del tamaño de una guía telefónica para que puedas elegir las canciones que quieras cantar. Tienen mucha fama como lugar de reunión de grupos de amigos japoneses. Se paga por tiempo e, incluso, hay paquetes que te permiten estar durante varias horas, incluso incluyendo una barra libre de bebidas. Porque, además de cantar, tú puedes encargar que te suban comida y bebida a la sala en la que estás y pasar horas, horas y horas dándole a la garganta. una experiencia muy especial.

3 Responses to “Lo mejor de Japón”

  1. Quería comentarte que leyendo esta entrada me viene a la cabeza mi viaje a Japón -justo un año antes, por las mismas fechas- y es un viaje que yo sigo recomendando a todo el mundo. Para mi, el mejor de mi vida; sensaciones y recuerdos que no se pueden transmitir ni contándolo, ni con fotos.. hay que estar allí.

    Y yo fui porque el año anterior un amigo fue, y a la vuelta, contándomelo, vi que yo tb necesitaba vivir la experiencia.

    Por cierto: nosotros el jet lag lo combatimos llegando a Narita a las 8:00 y enlazando trenes hasta Mijayima, que llegamos a las 17:00.. y luego onsen hasta quedar muertos en los futones 🙂

  2. Me gustaría saber cómo hacías para sacar dinero. Llevabas dinero para todo el tiempo encima, sacabas de los cajeros, aceptan todo tipo de tarjetas, inclusivo Maestro? Que tipo de guias llevas? Los hoteles los reservabas de antemano o en situ?
    Gracias!

    • Las tarjetas las aceptan para pagar las compras en muy pocos sitios. Incluidos algunos albergues y hoteles que visitamos. Por tanto, hay que llevar efectivo siempre.
      Sin embargo, sí que es relativamente frecuente encontrar cajeros automáticos y no sólo en bancos, sino también en tiendas. Yo solía sacar dinero en los de los 7-Eleven, que hay muchos en las ciudades japonesas y abiertos 24 horas.
      No te puedo decir si aceptan la tarjeta Maestro. Yo viajaba con Visa.
      Sobre los hoteles, reservamos los primeros días desde España, pero los últimos los fuimos reservando sobre la marcha por Internet. La ruta, al fin y al cabo, era de ida y vuelta desde Tokio, por lo que en la vuelta nos quedábamos en los que más nos habían gustado en la ida.

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