Tokio: Primera impresión

La primera impresión de una ciudad es especial. Y, si se trata de un lugar tan diferente y fascinante como Tokio, cobra aún más importancia. Así que, después de una noche peleando de forma muy divertida con el jetlag, nos lanzamos pocas horas después a descubrir lo que la capital de Japón tenía para ofrecernos.

Ha sido un día lleno de estímulos. Quizá no hemos visto lo mejor de Tokio desde el punto de vista monumental, pero sí que hemos recibido una enorme cantidad de impresiones de la gente, el ambiente, las tiendas y la vida en la ciudad. Este primer día en Tokio ha sido un día de apertura a nuevas estéticas y sensaciones, donde la vida de la ciudad y la gente que la habita nos han dado más sorpresas que la ciudad en si.

De Tokio nos queda una primera impresión marcada por la enorme cantidad de gente que circula por sus calles, sus inmensos centros comerciales y el ruido y la agitación que domina toda la ciudad. Una ciudad cuyos habitantes, especialmente las mujeres, nos han mostrado una estética y un modo de disfrutar del ocio enormemente variado e insólito, que no ha dejado de depararnos una sorpresa tras otra.

Tokio Shibuya

El cruce de Shibuya es el paso de peatones más transitado del Mundo.

Cambio de planes y una ruta en tren

Nuestros planes originales para el primer día en Tokio incluían aguantar despiertos hasta primera hora de la mañana para acercarnos al Mercado de Pescado de Tsukiji, pero nos comentaron en el albergue que estaba cerrado los domingos, por lo que nos decidimos por una ruta por algunos de los lugares más destacados de la ciudad.

Para ello, madrugamos y nos acercamos a la estación de tren de Bakurocho para comprar el billete Tokunai que nos permitió movernos ilimitadamente por todas las líneas de los trenes urbanos de la JR, algo similar a lo que sería el servicio de Cercanías en España. En Tokio hay tres sistemas diferentes de metro y cercanías: el Metro, el TOEI -un metro privado- y las líneas de la JR -el tren de cercanías-.

Hay una serie de títulos diferentes para cada medio de transporte, así como pases comunes. En nuestro caso, nos decidimos por utilizar los trenes de JR, ya que la línea circular Yamanote tiene paradas en buena parte de los principales puntos de interés de Tokio y así aprovechábamos al máximo el billete ilimitado que nos costó 730 yenes.

Todos los lugares que vamos a visitar hoy están en estaciones de la línea Yamanote, así que no hemos querido sacar el billete completo para todos los transportes. Hay tres opciones de pases diarios: el billete de la JR, el billete combinado del metro y el TOEI y otro que combina metro, TOEi y JR.

La ruta del primer día en Tokio

Comenzamos nuestro recorrido en Harajuku, donde nos encontramos el contraste del parque Yoyogi y el templo Meiji Jingu con el ambiente casi adolescente y masificado de la Takeshita Dori.

Ikebukuro

Sunshine Street, la calle principal de Ikebukuro.

De ahí, un paseo por Shibuya -también abarrotada-, donde cruzamos varias veces el enjambre del paso de peatones más transitado del mundo y pudimos darnos una vuelta por el barrio más golfo de Tokio visitando los hoteles por horas de la colina del amor.

Posteriormente, Ikebukuro, con sus grandes almacenes y sus salones de juego de los que salía el estruendo de cientos de pachinkos funcionando a la vez.

Y, finalmente, Akihabara, donde nos cayó la noche dejándonos un paisaje de neones y carteles llamativos de los grandes almacenes de electrónica, las librerías de comics manga o las pequeñas tiendas de curiosidades.

Llama la atención los enormes carteles que presiden todas las tiendas y la llamativa tipografía en tantos sitios que hacen de los paisajes urbanos japoneses una visión tan particular. Y, siempre, pasando frente a ellos con la frustración de no poder entenderlos y lamentando la cantidad de cosas que nos debemos estar perdiendo por no poder hacerlo.

carteles japones

Tantas luces y tan llamativas, pero no lo entendemos. Es una pena.

Son primeras impresiones que siempre quedan y que quien viaje a Japón relatará durante años. En nuestro caso han sido los grandes carteles, los grandes almacenes de electrónica, la saturación de personas en algunas calles, el sonido de las salas de juegos y los pachinkos, la enorme cantidad de máquinas de bebidas que abarrotan las aceras de la ciudad, la estética tan variada de las personas que nos encontramos en nuestro camino o el ruido de los incansables vendedores.

Pero aún nos queda mucho por ver y experimentar de este periplo por Japón que acabamos de comenzar.

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