Qué ha cambiado en los viajes en 11 años

Como ya os comenté en el artículo anterior sobre la Queima das Fitas de Coimbra, viví en aquella ciudad universitaria de Portugal durante mi año Erasmus, en el curso 1999/2000. La tentación de volver este año es fuerte, más aún sabiendo que algunos compañeros de mi promoción han decidido organizar un viaje; pero en mi cabeza surge otro desafío: hacer el viaje en las condiciones que los hacía en el año 2000 y contar la experiencia como algo que he querido llamar el Reto Coimbra 11 años. Por motivos de agenda, no sé si será posible, pero la idea me ha llevado a reflexionar sobre qué ha cambiado en un viaje similar en 11 años.

He dedicado toda la tarde a pensar y se me ha escapado más de una sonrisa por el camino. Pero, también, algunas sensaciones interesantes. Entre ellas, la sorpresa de cómo han desaparecido de nuestras vidas costumbres y usos de décadas, como el correo físico; o cómo otras han aparecido de repente, como la fotografía digital. Lo que me ha resultado más sorprendente, sin duda, ha sido darme cuenta que la mayor parte de los cambios que percibo están relacionados con avances tecnológicos.

Aquí os hago un pequeño resumen de algunas reflexiones sobre lo que era un viaje y una estancia en Coimbra en el año 2000 y lo que sería ahora. Cambios sociales, políticos, administrativos, de mentalidad y tecnológicos. Incluyo la reflexión inicial de lo que eran las cosas en el año 2000 y, seguidamente, en cursiva el estado actual de las cosas.

Me encantaría que me ayudarais a completar esta lista con vuestros comentarios.

Vuelos, trenes y autobuses

Autobús de Eurolines

– En el año 2000, la mejor manera de llegar a Coimbra desde Madrid para un estudiante era coger un autobús con destino a Oporto y transbordar en ciudades pequeñas del interior de Portugal a un tren -desde Guarda- u otro autobús -desde Viseu- para llegar al destino final.El autobús paraba una hora para comer en el pueblo fronterizo de Fuentes de Oñoro y el viaje se prolongaba, de media, unas diez horas. Siempre guardabas un folleto físico con los horarios cerca por lo que pudiera pasar y era habitual acercarse por la estación de autobuses uno o dos días antes de la partida para comprar el billete físico. Había también una combinación nocturna incomodísima por tren, con un transbordo en Medina del Campo en mitad de la madrugada.

Los billetes de avión, tanto a Oporto como a Lisboa, costaban alrededor de 35.000 pesetas con el descuento de estudiante (algo más de 200 euros al cambio actual), según las informaciones que nos daba la agencia de viajes USIT de la Plaza de Callao, que era la referencia de los jóvenes para los vuelos en aquella época. Los billetes no podían comprarse por Internet, ni tan siquiera consultar su precio. El billete electrónico no existía y cuando se volaba había que recurrir siempre a los billetes de papel.

– En 2011, Coimbra sigue sin tener conexión directa por carretera o ferrocarril por Madrid, pero el autobús o el tren han dejado de ser las únicas opciones competitivas. Por precio, los vuelos baratos a Lisboa y Oporto han reducido notablemente el coste y el tiempo del viaje. En ellos no se hacen transbordos en ciudades pequeñas de Portugal y sólo se contemplan los paisajes de los últimos kilómetros del viaje. En el caso de Oporto, apenas hay que recorrer unos cuantos metros para cambiar del aeropuerto al metro y del metro al ferrocarril.

Los billetes, tanto del autobús como del tren y, sobre todo, del avión se compran habitualmente en Internet. En muchos casos, se llega al aeropuerto únicamente con una hoja de papel con un localizador. No es extraño encontrar vuelos entre Madrid y Oporto por 15 euros por trayecto todo incluido, (lo que vendrían a ser unas 2.500 pesetas al cambio). La agencia de USIT desapareció hace muchos años y hace años que no pongo un pie en una agencia de viajes para comprar un billete. A día de hoy, emplear 10 horas para desplazarme a otra ciudad de la Península Ibérica me resulta casi inconcebible.

Moneda

Billete de 5.000 escudos

– En el año 2000, el escudo era la moneda de curso legal en Portugal. Para poder utilizar el dinero tenía que cambiarlo por la moneda local, retirarlo de un cajero automático o apañarme con el vendedor correspondiente para que aceptara cobrarme en pesetas.

– En 2011, el euro es la moneda oficial de ambos países y de la mayor parte de los de la Unión Europea.

Sanidad y trámites administrativos

– En el año 2000, tenía garantizada la asistencia sanitaria en mis viajes a Portugal con el famoso formulario E-111, que era una hoja de papel que había que solicitar presencialmente en las oficinas de la Seguridad Social.

– En 2011, llevo siempre conmigo una tarjeta sanitaria europea valedera para toda Europa durante un periodo de dos años, que solicito desde mi casa por Internet y me llega a mi buzón a los pocos días.

Llamando a casa

– En el año 2000, muchos de los estudiantes becados en el extranjero estábamos utilizando nuestro primer teléfono móvil. El uso de los dispositivos se generalizaba, pero en una primera etapa muy básica. Los teléfonos móviles eran enormes, tenían una pantalla muy pequeña en blanco y negro, no tenían cámara de fotografías y servían únicamente para llamar, recibir llamadas y enviar mensajes de texto. Se llevaba el teléfono con la tarjeta española, pero los costes de roaming eran tan altos que ésta sólo se utilizaba en casos de extrema necesidad o de urgencias. Los precios de las llamadas entre móviles también eran más caros que ahora y no era raro acudir a las cabinas telefónicas para hacer una llamada si se estaba en la calle.

El teléfono fijo seguía teniendo un uso habitual. Cuando se estaba de viaje, las llamadas a cobro revertido al teléfono móvil de casa eran el modo más habitual de contacto de los viajeros jóvenes. Cuando se quería hablar con más calma, se daba un número de teléfono fijo en el que ser contactado y una hora en la que programar la llamada. Apareció por aquellos años, también, el servicio Europa 15 que abarataba las llamadas locales y era especialmente utilizado por los estudiantes para estar en contacto con casa (en aquel año se volvió especialmente popular para seguir las evoluciones de la primera edición de Gran Hermano).

Nokia 5110

Nokia 5110, un clásico de la época

– En 2011, todos hemos perdido la cuenta de los móviles que hemos tenido en nuestra vida. Sus prestaciones se han multiplicado, a la vez que su tamaño se ha reducido. Cámaras de fotos, conexión a Internet, GPS, reproductor de música y vídeo incorporado, pantallas táctiles y a color… Han aparecido nuevos operadores, se han abaratado los precios, el roaming ya no es tan caro y el teléfono fijo recibe más llamadas de servicios de venta que de conocidos y amigos.

Hoy, las llamadas internacionales tienen una nueva dimensión. Skype y la mensajería de voz, así como otros programas similares se han convertido en algo de uso habitual para quienes realizan llamadas internacionales. El precio de las comunicaciones internacionales se ha reducido considerablemente.

La informática e Internet

– En el año 2000, tener un ordenador portátil y, más aún, llevarlo a viajes de placer era algo totalmente inusual y estaba visto como algo propio de ejecutivos o personas de muy alto poder adquisitivo. Era algo visto como totalmente snob y, si algún otro estudiante lo tenía, solía alegar que era una máquina antigua procedente del trabajo de sus padres. Conectarse a Internet era algo reservado a casas particulares, cibercafés y bibliotecas públicas, casi siempre desde ordenadores de sobremesa y a través de cable.

El correo electrónico empezaba a generalizarse, aunque aún no era extraño conocer a personas que no lo utilizaran. Los chats estaban en auge y, a falta de servicios como Messenger y un ICQ en pañales, eran los lugares de encuentro para conversaciones en vivo. Yahoo era una de las páginas grandes y Google aún no era, ni por asomo, el gigante actual. Faltaba aún tiempo para que naciera Gmail. Yahoo y Hotmail eran los servicios populares de correo. Las redes sociales ni existían, ni se intuían. Skype y el intercambio de archivos, tampoco. Por no hablar de YouTube y los servicios de vídeo.

Los gadgets tecnológicos eran menos. Los reproductores de música habían pasado del Walkman al Compact Disc portátil, pero no se pensaba en los MP3, ni en conceptos como el iPod. Las tabletas y miniportátiles eran ciencia ficción. El diskette era el medio más habitual de almacenar datos y las memorias USB eran ciencia ficción.

– En 2011 el ordenador portátil es un complemento muy habitual de ver en estaciones, trenes, aeropuertos, bibliotecas o cafeterías. A nadie le extraña llevarlo en la maleta o, incluso, en la mochila de viajeros independientes. La conexión a Internet por WiFi está garantizada en millones de espacios públicos de todo el mundo. Los viajes se preparan y reservan a través de Internet, las llamadas de teléfono también, el ocio e información en nuestro idioma están garantizados, así como servicios como la banca o la cartografía online. Google y Apple se han convertido en dos de las mayores empresas de nuestra época y las redes sociales nos mantienen en contacto -y disminuyen nuestra privacidad- con miles de personas.

En cuanto a gadgets, la lista puede ser interminable: reproductores de sonido digital, navegadores GPS, PDAs, televisores de pantalla plana, móviles de última generación, tabletas.

El correo físico y los contactos personales

– En el año 2000, el correo físico seguía siendo habitual. Las postales eran un magnífico recuerdo, muy apreciado por los receptores. Aunque el email comenzaba a ganar terreno a velocidades vertiginosas, la palabra escrita seguía siendo habitual para dirigirse a los amigos más especiales o como detalle de unas vacaciones. La agenda en papel incluía numerosísimas anotaciones con las direcciones físicas y los teléfonos de nuestros contactos y los sobres y sellos eran compras bastante habituales en nuestros viajes. Cuando conocíamos a otros viajeros, eran necesarias cierta disciplina y fuerza de voluntad para mantener el contacto con ellos por email o correo físico.

En 2011, el correo físico casi ha desaparecido para fines personales. Ya no envío postales salvo en casos tremendamente excepcionales. Las imágenes se envían por correo electrónico y los mensajes son más inmediatos y numerosos por otros medios. Las agendas en papel que se llevan en los viajes han dejado de contener interminables listas de direcciones físicas o teléfonos: de las primeras no hay necesidad y los segundos quedan almacenados en el teléfono móvil. Correos sigue siendo utilísimo, pero para envíos certificados o mensajería.

Los contactos con nuevos conocidos también han cambiado. Basta con agregar a alguien en una red social para que, sin el esfuerzo de tener que dirigirte a él específicamente, pueda tenerte localizado y saber qué haces y en qué piensas.

Sería un placer ir escuchando vuestras sugerencias para ampliar esta lista que hemos improvisado. Si se os ocurre algo nuevo, no dudéis en incluirlo en los comentarios.

One Response to “Qué ha cambiado en los viajes en 11 años”

  1. Recuerdo una vez que cogimos un autobús a de Lisboa a Vilar Formoso, cruzamos la frontera a pie para comer en Fuentes de Oñoro; y volvimos a Portugal a tomar el café antes de regresar a España y coger otro autobús camino de Salamanca.

    Es curioso cómo, a 200 metros de distancia, el bocadillo español sabía mucho mejor y la bica portuguesa daba cien vueltas al café de España.

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