Una visita a la Feria del Libro de Madrid

La Feria del Libro es una de las citas más interesantes de la primavera de Madrid. Se celebra en el Paseo de Coches del Parque del Retiro y atrae a miles de paseantes, curiosos y aficionados a la lectura desde hace 70 ediciones. Entre sus grandes atractivos, destaca la posibilidad de ver en persona a algunas de las principales figuras de la narrativa nacional, que acudieron a firmar sus obras a algunos de los cerca de 450 stands de esta edición.

Nosotros la visitamos el pasado domingo por la tarde, última jornada de esta actividad entre cultural y festiva que reune a miles de madrileños en el principal parque de la ciudad. Por lo general, los fines de semana de la Feria del Libro de Madrid son los días con más movimiento y presencia de público– por lo que suelen ser los más incómodos para poder curiosear por obras interesantes entre las casetas-. Pero también son los sábados y domingos los días que acuden los principales autores a firmar sus obras. Por tanto, quizá no sea el mejor momento para visitarla desde el punto de vista de quien se interese por los libros, pero sí de quien vaya buscando la parte más folclórica o festiva.

Pese a la época del año, la Feria del Libro de Madrid tiene fama de atraer el mal tiempo -especialmente las tormentas de la tarde, especialmente habituales en esta época-. Este año, la primera semana del evento no fue una excepción, pero el final de esta semana nos dio una tregua suficiente como para poder disfrutarla a pleno sol y algo de calor.

Las casetas, como es tradicional, se repartieron a ambos lados de la parte asfaltada del Paseo de Coches. En otras ediciones anteriores las casetas se colocaban en el paseo de tierra de la parte lateral, pero no fue el caso de este año. Esto supone que las casetas se apiñan bastante más con la parte central del paseo y los pabellones culturales y de patrocinadores que allí se instalan y que se vuelve un poco más incómodo caminar por la aglomeración de gente. Sin embargo, eso no impide que miles de personas sigan pasando por la Feria para dar un paseo, comprar algún libro o ver a algún escritor. El número de visitantes es numeroso, pero no suele ser agobiante.

El espectáculo de las firmas

Los sábados y domingos son los días en los que más autores están presentes en las casetas firmando sus libros y saludando a sus lectores, especialmente aquellos con mayor caché literario. El domingo por la tarde no fue una excepción y el Parque del Retiro se convirtió en toda una cita cultural y social de Madrid.

Pudimos encontrarnos, por ejemplo, con Lucía Etxebarría de camino a su caseta; o, ya en ellas, vimos caras como las de Antonio Muñoz Molina o Alejandro Jodorowsky, atendiendo a sus lectores con amplia sonrisa y en un ambiente relajado, agradable y distendido.

Otras presencias resultaban algo más curiosas. Por ejemplo, la de José María Carrascal, que ha escrito el libro Jubilación para dummies y que (a diferencia de lo que podía esperarme) iba con una corbata bastante más discreta. O la de Joaquín Reyes -de los chicos de Muchachada Nui-, que firmaba ejemplares de un cómic con un aspecto tremendamente bohemio.

Claro que también hay quien hace de la feria todo un espectáculo, como los miembros del duo GomaespumaJuan Luis Cano y Guillermo Fesser– quienes estaban sentados juntos en la misma caseta para alegría general. Así, mientras Fesser promocionaba su libro infantil con una cantinela que decía: “El mejor libro de la Feria, oiga… Para los lechones”; Cano nos acercaba su libro amablemente para decirnos después: “El que lo toca, lo compra”, con bastante éxito, ya que le compramos su novela La noche del aguacero, que promete ser muy divertida y nos llevamos dedicada.

Aunque estar al lado de autores tan extrovertidos y populares tiene también su lado malo. Y, si no, que se lo digan a Bernabé Tierno, que a duras penas podía hacerse visible entre los curiosos que pasaban el rato con los componentes de Gomaespuma y parecían un poco nervioso a la espera de la llegada de sus lectores.

En resumen, la Feria del Libro es -sin duda- uno de los mayores atractivos de la primavera madrileña y una interesante continuación a un mes de mayo festivo que viene marcado en Madrid por las celebraciones del 2 de mayo y de San Isidro.

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