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Quebec es una región que cuenta con una manera de disfrutar de la comida y una cultura gastronómica diferente de la que hay en el resto de Canadá gracias, en buena parte, a su herencia colonial francesa. Montreal- como su ciudad más importante- cuenta con interesantes especialidades gastronómicas locales.

Bar Cheers en Boston

Para los que crecimos en la década de los 80, Boston nos guarda un pequeño tesoro en forma de recuerdo televisivo. En el centro de la ciudad, en un edificio típico victoriano, se encuentra el bar Cheers, que inspiró la serie de televisión.

Para los que recuerdan la televisión de los años 80 y principios de los 90 -la pobre versión que se hizo en España hace unos años no merece la pena ni recordarla-, el bar Cheers no necesita mucha presentación.

Para quien no ha llegado a verla, podemos contarles que era una comedia de situación que transcurría en el bar que daba nombre a la serie donde se juntaban una serie de personajes curiosos encabezados por Sam Malone, un ex-jugador de béisbol ligón que más o menos se entendía con la camarera de turno (se la cambiaron a mitad de la serie). A él se le unían una serie de parroquianos entre patéticos y entrañables- el cartero Cliff, el psiquiatra Frasier y el contable obeso con facilidad para las frases ocurrentes Norm- y un par de camareros muy peculiares, como el ingenuo Woody y la antipática Carla. Todos ellos vivían situaciones curiosas o divertidas alrededor de la barra del bar Cheers con cierto aire de perdedores, pero con un gran sentido del humor y un admirable optimismo.

Cheers es una serie mítica de la historia de la televisión, estuvo en antena más de 11 temporadas entre los años 80 y 90 y es la serie con más premios -entre Emmy y Globos de Oro- de la historia de la televisión.

Bull & Finch, el auténtico bar Cheers

Pero Cheers no es totalmente una creación de ficción, sino que se inspira en un popular bar del centro de Boston, Bull & Finch. Es más, el antiguo pub ha quedado fagocitado por la serie de televisión, de tal modo que hace un par de décadas se cambió el nombre por el televisivo Cheers.

Evidentemente, desde que la serie de televisión se popularizó, el bar se ha convertido en toda una atracción turística a la que acuden diariamente cientos de personas atraídas por sus recuerdos televisivos. Quien lo visite hoy se encontrará con un bar, efectivamente, pero con sus respectivas tiendas de regalos y souvenirs con el logotipo del bar.

Bar Cheers Boston

Interior del bar Cheers, clavadito a la serie

El bar Cheers de la serie de televisión -no confundir con la sucursal que abrieron en el turístico Faneuil Hall- se encuentra en pleno centro de Boston- en Beacon Street, justo al norte de los populares Public Gardens- y ocupa el sótano y la primera planta de un tradicional edificio victoriano.


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Pero el bar real donde se inspiró Cheers tiene algunas diferencias en su estructura con respecto al de la serie. Lo primero que nos llama la atención es que el cartel y la barandilla exterior del bar, así como la escalera que nos lleva al bar del sótano son exactamente iguales que en la serie. Si bajamos esta escalera, nos encontramos con una puerta idéntica que, una vez franqueada, ya nos permite ver las diferencias con el decorado original.

Bar Cheers Boston

Cartel en la entrada del bar Cheers

Y es que, a diferencia del decorado, lo que nos encontramos en la planta baja es un bar muy pequeño y estrecho, en el que la barra está a muy pocos metros de la puerta. Es cierto que hay una pequeña zona de mesitas idéntica a la de la serie de televisión en la zona más cercana a la pared, pero no hay mucho más espacio. La barra, en el piso inferior, no es la cuadrada de la serie, sino una bastante sencilla y estrecha donde se apiñan los turistas a beber una cerveza. Entre las curiosidades, nos encontramos con la gran cantidad de tarjetas de visita de personas de todo el mundo que los visitantes colocan en la parte superior de la barra.

En realidad, el decorado de la serie de televisión es un poco mezcla de lo que nos encontramos en la planta baja y en la primera planta del edificio. El sótano reproduce muy fielmente la entrada al bar Cheers, mientras que el comedor de la primera planta es más amplio y tiene la inconfundible barra-isla cuadrada en el centro de la sala que hacía especial al bar de la serie. Por lo general, quienes quieren comer se quedan en las mesas de la primera planta, mientras que quienes sólo quieren beber algo en la barra de Cheers se quedan en la planta inferior. A mí, aun siendo un espacio mucho más reducido, ésta me pareció mucho más auténtica.

Cheers Boston

Barra de la planta inferior de Cheers, un atractivo turístico

Para quien quiera comer allí, la mayor parte del menú tiene nombres relacionados con la serie. Así podemos comernos un Giant Norm Burger, un Sam’s Turkey Sandwich o el Rebecca’s Fish & Chips. En general, comida de pub, no muy especial desde el punto de vista gastronómico, pero suficiente para un turista que quiera comer algo rápido e informal.

Evidentemente, como en todo buen sitio turístico, los precios en el bar Cheers son algo más altos que en otros bares de Boston, pero tampoco hay una gran diferencia con otros locales similares, por lo que una cerveza o una comida en el lugar son un lujo que nos podemos permitir.

Cheers Boston

Cheers Boston

Sea como sea, el bar Cheers de Boston es un lugar que despertará bonitos recuerdos de juventud a los treintañeros y cuarentañeros que recuerdan con cariño esta serie de televisión. Una visita recomendable.

Concurso de comida: Asqueroso

El pasado 13 de octubre, una cadena de restaurantes organizó en pleno centro de Toronto el World Poutine Eating Championship, para coronar a aquel competidor que pudiera comer más cantidad de este típico plato canadiense en menos tiempo. Un concurso de comida que acabó resultando tan hilarante como asqueroso y obsceno.

La poutine es un plato típicamente canadiense -más concretamente originario de la región francófona de Quebec- que consiste en una base de patatas fritas con pedazos de queso y salsa de carne a la que se le añaden diferentes ingredientes. Es una bomba de calorías muy habitual en la oferta de comida rápida de las ciudades canadienses, aunque en ciudades como Montreal algunos restaurantes enmascaran su poca clase original con pretensiones más o menos cumplidas de convertirla en gastronomía. Sea como sea, la poutine es una comida típicamente canadiense y los ciudadanos de este país se sienten muy orgullosos de ella.

poutine

Una poutine bien preparada, en el restaurante La Banquisse de Montreal. Desgraciadamente, no todas tienen este aspecto ni sabor.

Por ello, una cadena canadiense de restaurantes de comida rápida especializados en poutine convocó la segunda edición del World Poutine Eating Championship en Dundas Square, que es algo parecido a la plaza de referencia para la vida social de Toronto. Durante todo el día estuvieron ofreciendo poutine gratis a los visitantes y organizando pequeños concursos y eventos relacionados con este plato.

El concurso de comida

Sin embargo, el momento culminante de la tarde llegó cuando se subieron al escenario principal alrededor de una decena de lo que podríamos llamar “comedores profesionales” para la competición principal del día. Ésta consistía en comer la mayor cantidad de poutine posible en los 10 minutos que duraba la prueba.

Este vídeo del evento que grabamos muestra cómo fue la competición y el desenlace:

La verdad es que parecía que iba a ser una experiencia festiva y divertida cuando los competidores empezaron a subir al escenario presentados por un animador con un sombrero de feria que resultaba tan histérico al micrófono como gracioso. Los participantes hacían algunos ejercicios de calentamiento y ponían caras de concentración similares a las de cualquier deportista.

Concurso de comida

El presentador fue lo único que se salvó del grotesco concurso de comida.

Sin embargo, a partir del momento en el que comenzó la competición, las escenas que empezamos a contemplar en el concurso de comida resultaron bastante desagradables.

consurso comida

Dos participantes del concurso de comida en pleno “esfuerzo”.

Los competidores de este concurso de comida empezaron a coger a puñados las patatas fritas de la poutine para llevárselas a la boca, donde empezaban a formarse bolas enormes en las mejillas, mientras la salsa de carne les chorreaba por las manos. El objetivo era meter la mayor cantidad posible de comida en la boca de la manera que fuera. Pero las manos iban siempre más rápidas que la boca y llegaba un momento en el que sólo podían seguir empujando, aplastando lo que tenían dentro y convirtiéndolo todo en un puré que al final acababa saliéndose de la boca y cayendo sobre el envase de la comida que seguían intentando introducirse.

concurso de comida

La mezcla de patatas y salsa resbalaba por la boca de los participantes en forma de una plasta asquerosa.

Los primeros minutos transcurrieron entre la hilaridad e incredulidad del público, tan asombrado como asqueado; pero a medida que iban avanzando los segundos los participantes empezaban a tener serios problemas para mantener el mismo ritmo. El zoom de la cámara mostraba escenas asquerosas en las que de la boca resbalaban por la barbilla pedazos de patata a medio masticar mezclados con salsa de carne y saliva. Las caras de los competidores empezaban a mostrar sufrimiento, las venas se hinchaban y alguno pensaba más en el vómito que en continuar.

El espectáculo de este asqueroso concurso de comida se prolongó durante diez minutos de continua incredulidad por escenas que serían indignas de la mayor parte de animales, hasta que el reloj puso fin al sufrimiento de los competidores.

concurso comida

Un momento del concurso de comida.

Los resultados determinaron que el ganador de este estúpido concurso de comida había logrado comer -es un decir- 19 cajas de poutine de algo menos de 250 gramos cada una. En total, alrededor de 4,5 kilogramos de patatas fritas, queso y salsa de carne en apenas 10 minutos. Para quien tenga curiosidad, el nuevo “Campeón del Mundo” se metió para el cuerpo unas 13.500 calorías y más de 700 gramos de grasa en ese periodo.

Unos “deportistas” que, como nos cuenta este artículo de cnews, tienen entre sus “meritorios” records haber comido 141 piezas de sushi en 6 minutos o haber bebido más de 10 kilos de caldo de salmón en la misma cantidad de tiempo.

Nadie puede negar que hacen un gran esfuerzo para prepararse y competir, pero este concurso de comida es asqueroso. Por mucho que los organizadores intentaran aprovecharla para recaudar fondos para el banco de alimentos, el evento acaba siendo un auténtico desprecio hacia la comida y ofrece imágenes indignas de seres civilizados.